Canción Istmica-Costa Rica

Istmo
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Canción ístmica 

Por: Iván Pitti[1]   2006

 

“Soy un militante activo del canto y lo sigo defendiendo y proponiendo como una herramienta para la paz, la justicia y la solidaridad entre nuestros pueblos” Luis Enrique Mejía Godoy

Al centro de América

Hace 35 años, Luis Enrique Mejía Godoy, artista “orgullosamente nicaragüense y centroamericano”, sembró “el oficio de cantarle a la vida”. Como pilar de la canción ístmica, su semilla continúa alimentando a muchas y muchos cantautores que damos a luz, canción, al centro de América.

El presente artículo tiene como alcance aprovechar el ensayo de Luis Enrique: “Centroamérica: el futuro es posible”, presentado durante el primer Foro de Artistas e Intelectuales, San José de Costa Rica, 25 y 26 de Noviembre 2004, para reflexionar sobre la canción ístmica y sus alcances para construir y soñar un futuro donde quepan todas y todos[2].

“Entre la burra y el buey…”

La canción ístmica no se encuentra en el vuelo de un Pelícano en las costas de la Ceiba hondureña, ni sabe a Gallo Pinto nicaragüense. No se mira en la luna liberiana de Costa Rica, ni tampoco flota en los hermosos arrecifes de Belice. Que rico sería encontrarla en una pupusa salvadoreña; ojala en las islas de Kuna Yala, archipiélago de Panamá, o en las pirámides guatemaltecas.

Sin embargo, dos cosas son inevitables en esta descripción: en primer lugar, el hecho de que todos estos elementos se encuentran en su interior y en segundo lugar, tanto el gallo pinto como la pupusa, son condición necesaria de su propia existencia y propuesta melódica.

La canción ístmica nace al interior de una “unidad geográfica y ecológica de 533,000 kilómetros cuadrados” conocida como istmo centroamericano, que además posee “una excepcional biodiversidad al centro de nuestro continente”.

Por un lado, adquiere matices con sabor a hambre y justamente es en la reproducción de la vida, ojo de agua donde emana su propia identidad. La canción ístmica es el resultado de las condiciones sociales y naturales que posibilitan o no dicha reproducción.

“…arrecha Venancia”

Por otro lado, para hablar de una canción ístmica o centroamericana, hace falta referirnos a su creador (a). De ahí que no exista canción en el vacío. Tras ella, se encuentra un ser humano cantautor (a) que le da vida.

Arte y ser humano están íntimamente ligados. Antes de una canción existe el ser humano. Como tal, habita al interior de un ámbito de necesidades: físicas, sociales, culturales y espirituales. Dichas necesidades lo hacen parte de la Naturaleza. Naturaleza que determina su existencia más allá de sus caprichos o deseos.

El ser humano hace la historia pero vive en condiciones que no puede determinar. Es libre de satisfacer sus necesidades. Mientras que lograr satisfacerlas garantiza su propuesta melódica. En este sentido, para poder hacer canción es preciso poder vivir.

Consecuentemente, el problema fundamental de la creación artística es reconocer el conflicto vida-muerte. Vivimos enfrentando, eludiendo y superando a la muerte, para finalmente sucumbir ante ella.

Pero además, como cantautores, debemos reconocer que somos sujetos necesitados y que no estamos solos en el mundo. ¿Qué sería de una canción sin la vida del otro (a)? ¿Cuál es el sentido de la canción sin poder ser compartida? Sin duda, el otro (a) es una de las garantías de nuestra propia ex y subsistencia.

Un mundo donde la reproducción de la vida de Ramón, María y Venancia sea posible, es un elemento vital identitario de nuestra canción ístmica. Este es el hilo conductor que nos une como centroamericanos: Mi vida, la vida del otro y la vida de la naturaleza.

“Afroamericanindios”

La canción ístmica es la evidencia empírica de un ser humano. Es la proyección indirecta de un ser concreto, corporal, viviente y necesitado (sujeto de necesidades), que nace en un “puente biológico y de culturas entre el norte y el sur del Continente”. Por ello, decíamos que no hay canción en abstracto.

Hablamos, entonces, de un sujeto-canción efecto de una realidad histórica. Realidad vestida de “acentos multilingües”, “expresiones multiétnicas” y “formas multirraciales”, que como bien lo explica Luis Enrique acompaña nuestro texto escrito y cantado. Canción ístmica y sujeto histórico van de la mano.

Para él, somos un “proyecto de múltiple rostro…”. Como centroamericanos somos una hermosa orgía de significantes dibujada con “auténticos rasgos mestizos y profunda raíz popular”. La describe como “…semilla en la conciencia y en la memoria de nuestra gente”.

Somos la evidencia de una “rica amalgama de ingredientes culturales”. Luis Enrique nos habla de un ejercicio socio-histórico irreductible a la tierra, al pueblo y al momento que lo produce. Nos ve como “pueblos huérfanos con históricos problemas comunes…”.

No obstante, el artista y su fuerza creadora, contribuyen “a la integración, la regionalización y la unidad” entre diferencias y asimetrías que nos caracterizan. Entre riqueza, miseria y tormentas, Luis Enrique percibe a esta canción como “esperanza en tiempos de guerra y de paz…hambre y desarrollo…arte y dependencia.”. Es en definitiva, el resultado de una expresión originalmente llamada por él: “Afroamericanindia”.

“Tengo América en mi sangre…”

Pero además, percibe América Latina como una realidad que produce y reproduce arte y exclusión, al mismo tiempo que exporta pobres para un mundo globalizado, sin oportunidades.

Luis Enrique muestra la cara del dios Jano cuando relaciona: “guerra de baja intensidad” con “Tratados de Libre Comercio”. Argumenta que “son dos caras de la misma moneda”. Y efectivamente lo son. Hoy, “los países del llamado primer mundo…no aspiran a conquistar territorios, como en la época colonial, si no a controlar mercados y riquezas”.

Convivimos en la contradicción. En “nuestra región el arte y la cultura nacional navegan con desventaja en aguas tormentosas como un frágil barquito de papel”. Comprende que la desigualdad y dependencia junto al libre comercio no permiten soñar.

Y precisamente por eso la canción ístmica es una herramienta para la paz, la justicia y la solidaridad entre nuestros pueblos. A través de ella es posible avanzar hacia formas novedosas de pensar y relacionarnos con nosotros mismos, con otros y con el mundo.

El papel protagónico del arte, como sugiere Luis Enrique, busca contribuir a la construcción humana del mundo. Estamos convencidos de que hoy la humanidad no puede asegurar su sobrevivencia sin resistir a los “huracanes de la globalización”.

Y es que en la resistencia creativa yace el reto de la vida. Pero no sólo hay que resistir contra estos huracanes. También el arte debe contribuir a desterrar “la desigualdad que impide el desarrollo independiente de nuestra cultura regional” y este es el tema clave de su ensayo.

En este sentido, cuando Luis Enrique concluye “para construir el futuro hay que soñarlo primero”, refiere a un juicio de hecho no de valor. Cuando sugiere “soñar el futuro”, está hablando de utopías. Las utopías están más allá de los juicio sobre el deber ser al estilo Max Weber.

Por el contrario, Luis Enrique reflexiona sobre el arte de lo posible e imposible en términos de juicios de hecho no de valor. Bien sabe que la vida concreta y necesitada es condición de posibilidad de las esperanzas. Construir un futuro no es posible sin poder consumir “el básico gallo pinto”.

Luis Enrique, propone que lo posible es sólo posible gracias a un ser humano que determina qué posibilidades se transforman en realidad. Invita a soñar otro mundo desde abajo. La raíz social de este cantautor ístmico muestra alternativas donde la vida es posible.

Consecuentemente, sus juicios de hecho describen las condiciones de posibilidad de la vida hecha canción. Reconoce en los colores y sabores, olores y hedores una historia en común. Muestra que para llegar a construir un futuro se debe reconocer que somos seres humanos de carne y hueso, que llevamos en la sangre y en la piel, en los ojos y en la voz América.

“Cantor de manos jodidas”

Está claro que los y las cantautores que damos a luz canción al centro de América somos resultado de una historia imposible de ocultar. Esta historia la resume Luis Enrique en un verso: “hace más de quinientos años con sus mascaras de hierro en nombre de Jesús crucificaron al pueblo. Violaron nuestras mujeres. Se llevaron nuestro oro y el oro de los vencidos hizo rico a los vencedores, desde entonces, los pueblos de Dios se dividen por su riqueza”.

Hoy más que nunca todas las generaciones debemos cantar lo que enseño la abuela. El cantar es una acción que fortalece nuestra identidad y las esperanzas. Cantar es una forma de entenderse asimismo y relacionarnos con la alteridad.

A través del arte, debemos cerrar las heridas aún abiertas por la guerra. Sanar las heridas con una canción, es la mejor cura para alcanzar “la estabilización y la paz definitiva de nuestra región”.

Por lo tanto, “…los artistas, como seres pensantes, sensibles y creativos estamos en la capacidad y el deber de contribuir en el desarrollo humano de nuestros pueblos”. Así, “el llamado compromiso de los artistas es sobre todo, y fundamentalmente, con la calidad y la coherencia de su obra, pero también con los intereses y las más sentidas necesidades de las luchas sociales de nuestros pueblos”.

“Mi patria aún…”

Luis Enrique resume uno de los principios de la canción ístmica así: “nunca hemos estado anclados al pasado y siempre hemos luchado para que no le pongan cadenas a nuestros sueños, nos corten las alas o nos secuestren la esperanza”[3].

Los cantautores centroamericanos dejaron de ser “perseguidos por querer expresar sus ideas en libertad”. Ahora, mezclan protesta con propuestas. Y entre ambas, cantan por los caminos “…desde y con la participación ciudadana” para convertirse en “verdaderos actores críticos y protagonistas de los cambios en nuestra región”.

Sabemos que “…el vacío de las Instituciones y la ausencia de una política cultural de los gobiernos” ha ocasionado que “la mayoría de los artistas en Centroamérica” produzcamos “con un enorme esfuerzo y en forma independiente…”.

En ausencia casi total de políticas culturales son luminosas las propuestas que Luis Enrique ofrece a la comunidad mesoamericana para orientar su toma de decisiones. Presentamos a continuación cuatro principios fundamentales de él, que orientan la canción ístmica y ocho claves para dialogar sobre posibles políticas culturales.

4 principios para soñar el futuro

“A imaginarlo y soñarlo posible desde abajo. Construyendo, fortaleciendo y defendiendo el concepto del orgullo nacional y regional. Sin duda, esto será para las futuras generaciones nuestra mejor herencia”.

“Debemos proponernos, desde y con la participación ciudadana, ser verdaderos actores críticos y protagonistas de los cambios en nuestra región y disminuir las barreras que nos permitan conocernos mejor, fortalecernos y facilitar la unidad y la construcción de nuestro futuro.”

“Debemos pasar de los encuentros y firma de declaraciones a las propuestas y acciones concretas. En una época de grandes vacíos, pérdida de los principios y valores morales, donde la industria está por encima del arte y la credibilidad en los gobiernos y los partidos políticos es cada día peor y más cuestionada, cuando la juventud parece no tener ningún horizonte, el artista y su obra son indispensables.”

“Sólo sumando nuestros esfuerzos y voluntades es que podremos crear y fortalecer un verdadero sentido de región y no seguir siendo países aislados y pueblos huérfanos con históricos problemas comunes. En la integración, la regionalización y la unidad están precisamente nuestra fuerza.”

8 claves para la construcción de políticas culturales

Son necesarias, “políticas culturales que estén íntimamente vinculadas a nuestras necesidades particulares y realidades objetivas”.

“…debemos exigir a los distintos gobiernos de la Región el compromiso de incluir en sus planes de desarrollo social y económico el tema de la calidad de la educación con una propuesta de transformación, democratización y participación de la comunidad, donde se incluya la formación artística y la promoción del arte y la cultura, sobre todo, entre la juventud y la niñez, iniciativa que redundaría en una promoción de la identidad regional. Sólo así podremos salir, poco a poco, del atraso y lograr hacer de nuestro trabajo de artistas e intelectuales un oficio digno.”

“Es necesario, la liberación de los impuestos y aranceles de aduana para la importación de materiales, equipos, instrumentos y accesorios para el desarrollo técnico artístico y para la producción de bienes culturales”.

“Experiencias nacionales que se puedan compartir con los demás pueblos hermanos a través de Programas solidarios y recíprocos de intercambio Cultural. Convenios y compromisos de los Gobiernos y de las Instituciones Culturales y Organismos No Gubernamentales con el necesario y decidido apoyo de Organismos de la Cooperación Internacional que nos permitan obtener las herramientas: Leyes, espacios, recursos, infraestructura, financiamiento, para el desarrollo del sector cultural y la producción de bienes y servicios culturales: libros, discos, audiovisuales, teatro, festivales de danza y música, artes plásticas y ferias de artesanías”.

“Es necesario plantearnos hacer convenios y proyectos concretos para la reactivación y el desarrollo de los Canales de TV., Radios estatales, comunitarias y culturales que sobreviven en nuestros países, en algunos casos, con un perfil más bien de empresas comerciales por la falta de presupuesto o apoyo.”

“Tenemos que proponernos…estrategias vinculadas con los otros sectores de la sociedad. Acciones conjuntas de las organizaciones del Arte y la Cultura con los defensores del Medio Ambiente, el Turismo Ecológico y las Organizaciones de la Sociedad Civil para un plan que nos permita disminuir las brechas entre nuestros países y contribuir a la igualdad social para construir un futuro con esperanza.”

“…organizar un escenario móvil en el que podamos ir por cada país presentando obras de teatro, danza música y exposiciones de libros y artes plásticas…organizar una Orquesta Sinfónica Centroamericana…realizar una Cadena de Radio y TV. Cultural en nuestra Región.”

“Por eso es indispensable la participación activa de la Comunidad y la promoción de el desarrollo de la creatividad en el arte, generando actividades culturales, fortaleciendo los vínculos entre grupos culturalmente diversos. Posibilitando oportunidades y acceso a los servicios culturales, el desarrollo local y territorial en general.”

“Cada habitante es un cristal por florecer”:

Vida y muerte del cantautor (a)

Podemos concluir que toda nuestra vida es una permanente relación vida-muerte. ¿Cuál es, entonces, el sentido de la vida? Para algunos (as), hacer canción es una forma de vida. Para otros, una forma de apropiarse del mundo. Para mí, una expresión gratificante de ella.

Concuerdo con Víctor Jara y Luis Enrique en que el sentido de la vida es finalmente vivirla. Y aunque habitamos en sociedades capitalistas y dependiente donde la vida no está asegurada por el conjunto de relaciones sociales, la vida hay que vivirla. Para ello, es primordial sobrevivir dignamente de nuestro trabajo cultural.

Nuestro trabajo cultural consiste en mantener viva las esperanzas. Otro mundo es posible. La canción contribuye a construir esta visión más enriquecida de la vida y de las relaciones que el ser humano establece con su entorno.

Lo que aquí hemos denominado vida, aún las experiencias más espirituales, lo corporal- material nos acontece. No son posibles nuestras canciones sin la existencia de un cantautor y su guitarra o piano. De igual forma, cómo alimentarnos de la palabra de Dios sin una Biblia de la cual leer.

La canción ístmica tiene muchos retos por delante. Somos hijos de la historia que hoy tiene ceniza en el pelo. Somos cantores de manos jodidas. Militantes activos del canto. Sumamos de canto en canto almas y voluntades. Contribuimos a la paz entre nuestros pueblos. Buscamos nuestra identidad como flores hay en el campo. No le cantamos a la flor. La hacemos florecer. Gracias a la vida. Gracias don Luis.

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[1] Cantautor centroamericano. Costa Rica-Panamá, Diciembre 2005.

[2] Los textos que están entre comillas son pedazos del ensayo mencionado y los títulos del artículo corresponden a canciones de Luis Enrique.

[3] La Nación, Lunes 28 de Noviembre 2005. Premian a los Mejía Godoy, Viva, p. 16

 

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